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Los Franciscanos llegaron a Gran Canaria hace más de cinco
siglos, concretamente a comienzos del Siglo XIV. Enseñaron
a los habitantes de la Isla nuevas formas de cultivo y construcción
y comenzaron una labor evangelizadora que seguiría su curso
oficial con la fundación del convento de San Francisco en
Las Palmas de Gran Canaria. En 1835 se cierra el convento de San
Francisco y los frailes se quedaron como ayudantes de las nuevas
parroquias que se fundarían en la época. La presencia
franciscana se recupera con la propuesta que el Padre Cueto realiza
a los franciscanos de crear una fundación en El Puerto de
La Luz, en los solares que donaron los señores Apolinario
y Gómez Macías, para edificar convento e Iglesia a
cambio de atención espiritual y social a los enfermos del
Hospital- Casa Asilo San José y dar instrucción gratuita
a la juventud y clase obrera del Puerto.
En este Hospital comienzan a celebrar misa, atender a los enfermos
y abren una escuela en un salón que les facilitó la
Casa Asilo. La ingente labor social y pastoral de los Franciscanos
del Puerto se inicia con un trabajo sociorreligioso, de educación
a los niños desfavorecidos de la zona, clases nocturnas o
atención pastoral. Los ciudadanos del Puerto y de Las Palmas
han defendido siempre la obra social impidiendo la quema de la Iglesia
y demandando su presencia en todos los rincones de la isla. Han
sido un punto de referencia religiosa desde La Isleta hasta Guanarteme
y Triana. A partir de 1910 fundan la Orden Franciscana Seglar, con
la que inician una gran labor apostólica y social.
Desde los comienzos, los franciscanos fomentaron la fiesta de San
Antonio, hasta convertirse en la fiesta del barrio: la verbena en
la calle Padre Cueto. En la actualidad, los Franciscanos de Puerto
siguen con su casa e Iglesia abiertas a todos los ciudadanos que
lo necesiten. Continúan con su evangelización y su
servicio a la diócesis de Canarias. El pasado año
se inauguró el Centenario de la Restauración de Los
Franciscanos en Canarias, con el objetivo de recuperar la memoria
de las gentes de Las Palmas y dar a conocer la gran labor realizada
por los frailes durante seis siglos y durante cien años en
el Puerto y Las Palmas.
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